
Historia 15 Caminos duros
Esta nadie debería hacerla solo.
Punta Gallinas es el punto más al norte de Sudamérica, al final de un desierto donde las huellas se cruzan, desaparecen y vuelven a aparecer. Llegué en un convoy de desconocidos que se había vuelto un equipo.Del archivo de camino de Rodrigo


Caminos duros
Esta nadie debería hacerla solo.
Punta Gallinas es el punto más al norte de Sudamérica, al final de un desierto donde las huellas se cruzan, desaparecen y vuelven a aparecer. Llegué en un convoy de desconocidos que se había vuelto un equipo.
- 12°NEl extremo norte del continente
- 5Vehículos en el convoy
- 2 daysDesde Uribia
15.1El equipo que se armó en el camino: un matrimonio francés viajando con su hijo en un camión, y los motociclistas que se habían conocido días antes. Ninguno habría cruzado igual de entero por su cuenta.
15.2El desierto de La Guajira, en el extremo norte de Colombia. Punta Gallinas es el punto más al norte de Sudamérica.Punta Gallinas es el punto más al norte de Sudamérica, al final de un desierto donde las huellas se cruzan, desaparecen y vuelven a aparecer. Llegué en un convoy de desconocidos que se había vuelto un equipo.
El punto más al norte de Sudamérica.
Llegar a Punta Gallinas era obligatorio en un viaje por las Américas, y es conocido por la dificultad de sus huellas fuera de asfalto y por lo hostil del desierto que las rodea.
Es una aventura de verdad y no es para intentarla solo. Incluso con GPS es fácil perderse ahí, donde las huellas se cruzan, se borran y reaparecen. Está además el tema del orden público: este desierto es la frontera entre Colombia y Venezuela, dos países con problemas sociales y económicos serios, y en lenguaje viajero cuenta como zona caliente.

Lo que quedó del camino
Hay caminos que no se hacen solo.
La Guajira es el caso más claro que tengo de una ruta donde el grupo es el equipamiento. Cinco vehículos que no se conocían de antes se sacaron unos a otros, y ninguno habría llegado igual de entero por su cuenta.Desconocidos que se volvieron equipo.
Llevaba una semana viajando con una pareja canadiense en la misma F800 GS, que cargaba equipo de kitesurf y elegía sus destinos según el viento. Se sumó un estadounidense experto en off-road, en una Suzuki 650 bien equipada. El último en llegar fue un matrimonio francés que viajaba con su hijo en un camión.
La partida fue Uribia, el último lugar con bencina y provisiones antes del desierto. Después de ahí no hay estaciones, solo gente vendiendo combustible por litro en bidones, si es que los encuentras.
Niños con cuerdas, y dunas que frenan una moto cargada.
El primer tramo no es asfalto, pero está lo bastante firme como para ir a ochenta por hora. Cada pocas horas aparecen niños cruzados en la huella con una cuerda, pidiendo plata o dulces antes de dejarte pasar. Con el calor se vuelve insoportable, y el convoy empezó a esquivarlos por las dunas.
La primera parada, después de un día entero de calor, fue el Cabo de la Vela: rucos en la costa, dos días de descanso, y viento lo bastante bueno como para que los canadienses sacaran sus kites.
Después se puso más duro. Casi nadie en el camino, solo arena y roca, subidas y bajadas, y dunas que hubo que cruzar empujando entre todos las motos cargadas. Nadie salió ileso de ese día: hubo caídas, y los que llevaban maletas de aluminio se pasaron la jornada enderezándolas a golpes y volviéndolas a amarrar.
Al final hay un gran mural amarillo con el mapa de La Guajira, mirando al mar. Eso es Punta Gallinas. Saltaron, se bañaron y lavaron el equipo.
Langosta, en medio de la nada.
Terminamos en una casa en medio de nada, donde nos dieron cama y nos sirvieron langostas grandes cocidas. Mi resumen: eso es el viaje por tierra. Nunca sabes qué te vas a encontrar al final del día.
El archivo del camino
0 imágenes más del camino
Todo lo demás de la carpeta, en el orden en que se tomó.
























