Jacko On Tour
The Heart of Chechnya mosque in Grozny

Historia 09 La Ruta de la Seda

La mayoría cruza esta parte de Rusia en dos días. Yo me demoré cinco.

Del paso de Jvari al delta del Volga, por Grozni, Majachkalá y un cañón al que llegué de noche. Ochenta euros para todo el tramo, sin tarjetas que funcionaran, en septiembre de 2025.
Leer la historia
09

Del archivo de camino de Rodrigo

The cathedral of Astrakhan from the square
La misma catedral desde la plaza.
The green domes of the Astrakhan cathedral
Su catedral, en el verde y blanco de la ortodoxia rusa.
RusiaEl Cáucaso, hacia el Caspio
AZERBAIJANKAZAKHSTANGEORGIARUSSIAStepantsmindaVerkhny LarsGroznyKhasavyurtSulak canyonMakhachkalaKizlyarThe steppe roadThe VolgaAstrakhan
Ten stops

Toca o pasa el cursor por un punto de la ruta para ver qué hay ahí.

La ruta por Rusia
The Heart of Chechnya mosque in Grozny

La Ruta de la Seda

La mayoría cruza esta parte de Rusia en dos días. Yo me demoré cinco.

Del paso de Jvari al delta del Volga, por Grozni, Majachkalá y un cañón al que llegué de noche. Ochenta euros para todo el tramo, sin tarjetas que funcionaran, en septiembre de 2025.

  • 5 daysCruzando Rusia
  • 80 eurosEl efectivo que llevaba
  • 30+Grupos étnicos en Daguestán
1 / 19
The Heart of Chechnya mosque in Grozny09.1La mezquita Corazón de Chechenia en Grozni, una de las más grandes de Europa. La ciudad fue arrasada en las guerras de los noventa y reconstruida desde cero.
A wide view over the Sulak canyon09.2El cañón corre más de cincuenta kilómetros entre las montañas.
Turquoise water at the base of the canyon09.3El embalse en el fondo. Llegué de noche y no vi nada de esto hasta la mañana.
Three people in traditional Caucasian dress on the street09.4En la calle afuera del festival cultural anual de Majachkalá, con el que me topé por casualidad una hora después de que la policía me echara de una plaza.
A stand of embroidered bags and beadwork09.5Bordados y trabajo de mostacillas en la mesa de al lado, con patrones que cambian de un valle al siguiente.
The Russian Caucasus, 202509.0
The Russian Caucasus, 202509.0
The Russian Caucasus, 202509.0
5 daysCruzando Rusia
80 eurosEl efectivo que llevaba
30+Grupos étnicos en Daguestán

Del paso de Jvari al delta del Volga, por Grozni, Majachkalá y un cañón al que llegué de noche. Ochenta euros para todo el tramo, sin tarjetas que funcionaran, en septiembre de 2025.

01La entrada

Café a 2.379 metros, y un pan demasiado grande para las maletas.

Salí de Tiflis a las cinco y media de la tarde, con una hora de luz y sin mis focos Denali, que el taller me había dejado muertos esa misma mañana. Alcancé a hacer noventa kilómetros. Pasando Pasanauri, ya de noche, paré en un puestito frente a un restaurante grande y pedí un café caliente y unos khinkali con las monedas que me quedaban. Con lo último de internet entré a iOverlander a buscar dónde dormir.

Bajé por un camino de tierra hasta un valle con un río serpenteante y unas murallas de piedra a gran altura. Armé la carpa al lado del agua. En la mañana el sol de otoño alcanzó a rozarla, unas vacas nos miraban comiendo a un metro, y el Jacko salió a corretearlas.

La Carretera Militar de Georgia se llama así porque el Imperio Ruso la amplió en el siglo XIX para mover tropas después de anexar Georgia. Había escuchado que era uno de los viajes por carretera más lindos del mundo, comparable al Stelvio o al Transfăgărășan, pero con una energía más salvaje y remota. Después de años hablando del Cáucaso, ahí estaba, frente a mí.

En el paso de Jvari, a dos mil trescientos setenta y nueve metros, paré al lado del cartel que lo señalaba. Una pareja de granjeros que estaba ahí me invitó café turco apenas me vio, hirviéndolo en una ollita. Lo poco que pudimos comunicarnos alcanzó para que me dijeran que eran de Daguestán. Antes de irme la señora me regaló un pan enorme. Lo guardé con dificultad, lo doblé, y le agradecí.

Más arriba llegué a Stepantsminda, al pie del monte Kazbek, y me acordé de la frontera entre Chile y Argentina por lo parecido de los pueblos de montaña. Subí por un camino mal asfaltado y lleno de curvas hasta un monasterio en altura, con el pueblo abajo convertido en miniatura bajo los pies de esos colosos. Ahí me acordé del pan recién hecho de la señora de Daguestán y me bajé unos cuantos bocados mirando el Cáucaso.

Doblé el pan por la mitad para que entrara, y me lo comí esa tarde mirando la montaña.
An old Soviet army truck left in the verge with ivy growing over the cab
Uno de los camiones de guerra soviéticos, dejado donde se quedó, con la hiedra ya media cabina arriba. Nadie los mueve.
The tent and the loaded motorcycle camped on the grass beside a river below Dusheti
El último campamento en Georgia, en el pasto al lado del río, bajando de Dusheti.
Mount Kazbek in snow above the road climbing towards the pass
El monte Kazbek, 5.047 metros, con la carretera subiendo por debajo.
Rodrigo on the loaded motorcycle holding Jacko, with the snow cone of Mount Kazbek behind
Debajo del cerro, camino a la frontera.
The Gergeti Trinity church on its hill above Stepantsminda, with Mount Kazbek filling the valley behind
El monasterio en el cerro sobre Stepantsminda, con el Kazbek entero detrás. No se veía ningún camino que llegara ahí, hasta que vi un cartel y lo tomé.
The Heart of Chechnya mosque in Grozny
09.0El Corazón de Chechenia en Grozni, una de las mezquitas más grandes de Europa, levantada sobre una ciudad que fue arrasada y reconstruida desde cero.

Lo que quedó del camino

El desvío es el viaje.

La mayoría de los viajeros cruza esta parte de Rusia en dos días, y algunos locos en uno. Yo me demoré cinco, me devolví doscientos kilómetros para conocer Grozni, y me desvié al sur para ver Daguestán. No me arrepiento de ninguno de los dos desvíos: eran justo los lugares por los que viajo en moto, exóticos y sin turistas, y no iba a tener otra oportunidad. Entré con ochenta euros y salí con cinco rublos, pero en el camino un granjero me regaló un pan, un cafetero me regaló tres cafés y una desconocida me pagó el almuerzo. Acá la cuenta nunca cuadra en dinero.
02La frontera

Ochenta euros para toda Rusia.

Desde que empezó la guerra, Visa y Mastercard dejaron de operar en Rusia. Eso significa que entras con el efectivo que llevas y no hay segunda oportunidad. Ya lo había vivido en carne propia tres años antes en San Petersburgo y Karelia, donde terminé sin un peso y la propia policía de frontera rusa tuvo que ayudarme a cargar el estanque y el estómago.

Antes de cruzar me acordé de que llevaba ciento cincuenta euros en efectivo, la plata de emergencia que me pasó mi hermano hace años, y que tenía que estirar hasta encontrarme con Mario. Así que antes de cruzar cambié cien euros: setenta en rublos y el resto en lari para llenar el tanque, que estaba prácticamente en cero. Gasté veinte en bencina en Georgia, así que me quedaron ochenta para Rusia. Pensé que iba a estar dos días. Terminaron siendo cinco. Cada llenada costaba unos mil rublos, y con lo que tenía me alcanzaba justo para tres tanques y algo de comida.

Lo bueno es que Rusia me impresionó por lo barato. La bencina costaba la mitad que en Europa, y más barata todavía que en Georgia. Donde allá son veinte euros, acá son diez.

Del lado ruso el papeleo estaba en inglés por primera vez. Eran tres documentos, dos de ellos copias idénticas porque no tenían fotocopiadora, y si te equivocabas había que rellenar los dos de nuevo. Noventa minutos y un timbre. El pasaporte chileno no necesita visa para Rusia: la mujer revisó su lista, encontró Chile y me dijo welcome to Russia.

Todavía me faltaban trámites cuando salió de las casetas otro motoquero con su carpeta lista. Era chino, llevaba tres horas ahí y ya estaba listo para partir. Iba de vuelta a su país, muy apurado. Salió una hora antes que yo, así que intercambiamos Instagram y quedamos en ponernos de acuerdo por internet, ya en la carretera, para acampar juntos.

Salí sin mapas. Google Maps no funciona en Rusia y en Vladikavkaz el punto azul nunca apareció, así que terminé preguntándole a la gente en la calle y a la policía. Un par de samaritanos me sacaron de vuelta a la carretera. Más al norte las banderas cambiaron a blanco, rojo y amarillo, que nunca había visto: Osetia. Y cartel tras cartel llamando a enrolarse en el ejército.

Ya de noche paré en una bencinera y se sentaron dos cabros en mi mesa, los dos con barba y sin bigote. Les pregunté si eran de Daguestán. No, me dijeron: Chechenia. Así supe dónde estaba.

Esa noche no entré a Grozni: pasé de largo el desvío, a oscuras, y seguí hacia el este.

Iba medio perdido buscando el lugar para acampar y de repente apareció una mezquita impresionante, gigantesca, con las cúpulas y los minaretes como sacados de Aladino, iluminada entera de verde. No podía creer lo que estaba viendo. Andaba con el teléfono sin una pizca de batería, ni para sacar una foto ni para guiarme.

Era el Orgullo de los Musulmanes, en Shali. La abrieron en 2019, dedicada al profeta Mahoma, forrada en mármol blanco de la isla griega de Tasos: una cúpula de cuarenta y tres metros, minaretes de sesenta y tres, treinta mil personas adentro y setenta mil más en la explanada. Es la mezquita más grande de Europa, cosa que vine a saber después.

Más adelante encontré una bencinera, puse el teléfono a cargar y me conecté a su wifi. Ahí el chino me pasó el punto exacto: un campo pasado Grozni, cerca de Gudermés.

Llegué a las nueve y media. La carpa amarilla ya estaba armada y él tenía un fueguito prendido al lado, hecho con mucho esmero. Sacó un pote grande de maní, me ofreció cerveza de una botella plástica grande, y nos quedamos conversando un rato mientras él degustaba su comida china picante, que yo decliné con amabilidad. Llevaba tres meses viajando, había llegado hasta Estambul y desde ahí se había devuelto, y tenía cuatro días para llegar a un matrimonio en China.

Jacko sitting on the loaded motorcycle inside the Russian customs hall
Esperando en la aduana rusa en lo alto de la carretera militar. Noventa minutos, tres formularios, y un perro que ya ha hecho esto en muchas fronteras.
A Russian customs declaration form filled in by hand
Uno de los tres formularios. Dos eran idénticos, porque no había fotocopiadora, y un error significaba empezar los dos de nuevo.
The Pride of Muslims mosque in Shali, Chechnya, floodlit at dusk
El Orgullo de los Musulmanes, en Shali. Mármol blanco de Tasos, minaretes de sesenta y tres metros, treinta mil personas adentro: la mezquita más grande de Europa.
The motorcycle parked under the canopy of a petrol station in Chechnya at night
Llenando el estanque de noche. Mil rublos, unos diez euros, y con la plata que llevaba encima cada llenada era un cálculo.
A small fire burning beside the yellow tent at night
El fueguito que ya tenía prendido al lado de su carpa cuando llegué.
Two tents and two motorcycles pitched in a field in Chechnya
Campamento esa noche en un campo checheno, compartido con un motociclista chino que conocí en la frontera el día antes.
Rodrigo with the Chinese motorcyclist he camped with
Con tres meses arriba de su propio viaje, y de vuelta a China.
03Grozni

Chechenia, reconstruida de cero en vidrio y oro.

En la mañana desarmé el campamento y seguí hacia el este hasta una bencinera que estaba justo en la bifurcación: un camino al norte, otro al oeste, que era por donde venía, y otro al este, que era Daguestán. Ahí había internet. Me quedé como media hora dándole vueltas y salí decidido: seguía a Daguestán, sin volver a Grozni.

Ya había dejado atrás Grozni y me moría de ganas de conocerla, pero para eso tenía que devolverme una hora en dirección contraria. Doscientos kilómetros en vano, como si no me bastara con el trayecto que me esperaba. Avancé cinco kilómetros hacia el este, me di media vuelta, y volví al mismo café ante el asombro del hombre de barba que me atendía.

La mayoría de los viajeros que van desde Georgia hacia Kazajistán y la Ruta de la Seda cruzan Rusia en dos días, y hay algunos locos que lo hacen en uno. Yo no estaba dispuesto a desaprovechar conocer esa cultura que quizás nunca más tendría la oportunidad de ver. Eran justo los lugares por los que viajo en moto: exóticos y sin turistas.

Avancé cinco kilómetros hacia el este y di media vuelta. Volví a la misma bencinera por segunda vez esa mañana, ante el asombro del hombre del mesón, y ahí sí quedó decidido: Grozni.

Cuando cayó la Unión Soviética declararon la independencia. Rusia entró con el ejército el 11 de diciembre de 1994 y tomó Grozni arrasándola en marzo de 1995. Esa es la respuesta a por qué la ciudad está hecha de nuevo. Hubo una segunda guerra desde 1999. Entre las dos se calculan hasta cien mil muertos y cuatrocientas mil personas que arrancaron de sus casas.

La segunda vez fue peor. Las fuerzas rusas sitiaron la ciudad durante el invierno de 1999 y la tomaron calle por calle en febrero del 2000. Los trabajadores de ayuda que entraron detrás se encontraron con un desierto de escombros con cuerpos todavía adentro. Solo en ese sitio murieron entre cinco mil y ocho mil civiles. En 2003 la ONU declaró a Grozni la ciudad más destruida del mundo.

Lo que me encontré fue una ciudad renacida de las cenizas: edificios nuevos y flamantes por donde se mirara, miles de grúas levantando rascacielos, ninguna edificación antigua a la vista. Uno piensa en Rusia y se imagina construcciones soviéticas; esto era muy diferente. Y hombres de barba por todos lados, las mujeres con velo, y la mezquita Corazón de Chechenia, gigante y blanca, dominando todo.

Los chechenos no son rusos y no lo parecen. Son un pueblo del Cáucaso, con su propio idioma, y musulmanes desde hace siglos. De ahí las barbas de todos los hombres en la calle y las mujeres con velo. Rusia se demoró treinta años en conquistarlos en el siglo XIX, y ni así se quedaron quietos: Stalin los deportó enteros a Asia Central en 1944, acusados de colaborar con los alemanes, y recién los dejaron volver en 1957.

Las caras que uno ve por todas partes son las de los Kadírov. El padre, Ajmad, se pasó al lado ruso y fue presidente hasta que lo mataron con una bomba en 2004. El hijo, Ramzán, manda desde 2007 con el respaldo de Putin, y por eso los dos aparecen juntos en las fachadas y en los monumentos. Los organismos de derechos humanos lo acusan de secuestros, torturas y asesinatos contra sus opositores. Rusia dio por terminada la guerra en 2009.

CHECHNYA
Chechenia, dentro de Rusia. Outlines: OpenStreetMap contributors
Nothing looks old because almost nothing is.
Grozny in ruins after the war, whole blocks of flats burned out along an empty avenue
Grozni después de la segunda guerra. Todo lo que sale en las fotos de abajo está parado sobre este suelo, y se levantó en veinte años.
A modern oval glass building in central Grozny
Vidrio, ángulos rectos y una gran torre ovalada, sobre un terreno que hace veinticinco años era escombros.
A long row of identical new white apartment blocks with golden domes, rolls of turf waiting on the ground
Edificio tras edificio, todos iguales, con cúpula dorada arriba, y el pasto todavía enrollado en la tierra esperando que lo pongan.
The Heart of Chechnya mosque in daylight, with a glass tower rising behind it
El Corazón de Chechenia de día. La noche anterior la había pasado iluminada, sin saber cuál era.
Portraits of Putin and Akhmad Kadyrov mounted on a building facade in Grozny, with the republic crest between them
Putin a un lado, Ajmad Kadírov al otro, el escudo de la república al medio, en la fachada de la central telefónica.
Ramzan Kadyrov standing behind Vladimir Putin among officials and officers
Kadírov al hombro de Putin. Dirige Chechenia desde 2007 con el Kremlin detrás, y por eso los dos aparecen juntos en las fachadas.
Rodrigo between two young Chechen men in a bar at night, all three of them posing for the camera
Los dos que se sentaron en mi mesa la noche anterior, en la bencinera de la entrada. Les pregunté si eran de Daguestán. No: Chechenia. Todos los hombres de esta zona usan la barba sin bigote, al estilo checheno, igual que en Daguestán, y a estos dos apenas les crecía: unas mechas, pero cortadas igual que las de todo el mundo.
04La calle

Nadie me dejó pagar nada.

Paré en un café muy elegante y pedí un americano. El dueño se acercó, curioso, porque nunca había entrado un extranjero ahí, y me ofreció lo que quisiera gratis. Me trajo dos cafés más para degustar. Le agradecí conmovido. Jacko esperó sobre la moto, como ya se había acostumbrado, sin quejarse nunca.

Fuera de las avenidas es una ciudad que trabaja. El pan llega en bandejas de fierro en la parte de atrás de un furgón y se entrega ahí mismo, en la vereda. En los negocios sigue estando el Alionka, el chocolate soviético de la niña con pañuelo, con la misma cara desde los años sesenta.

A las dos de la tarde salí de vuelta hacia Daguestán y paré por tercera vez en el día en el mismo café de la carretera. Un tipo me vio agarrar un paquete de charqui y lo pagó él antes de que yo alcanzara a sacar la plata.

Two takeaway coffee cups on a table in a modern cafe in Grozny
Los dos cafés extra que me trajo de regalo, porque nunca había entrado un extranjero ahí.
A Chechen man standing beside his delivery van, the shelves inside stacked with loaves of bread
El panadero en su reparto, el furgón entero lleno de panes en bandejas de fierro.
A bar of Alionka chocolate held up inside a shop, with Jacko on the floor behind it
Alionka, el chocolate soviético de la niña con pañuelo, todavía en la estantería y con la misma cara. El Jacko esperando en el suelo del negocio.
A bag of dried cured meat held in one hand
Charqui envasado al vacío, del que aguanta bien arriba de la moto. Un desconocido en el café lo pagó por mí.
05El cañón

Llegué de noche a un lugar que no podía ver.

Saliendo de una bencinera, en un semáforo en rojo, vi pasar a un perro quiltro del tamaño de Jacko que se acercaba a jugar entre los autos. Estuvo a punto de morir atropellado más de una vez frente a mis ojos. Sabía que si no lo sacaba de ahí se moría. Lo llamé, se acercaba juguetón pero no lo suficiente, casi me caigo de la moto intentándolo, hasta que lo agarré con los dedos como tenazas y lo subí de un tirón. Ya tenía dos perros encima, Jacko excitado y confundido olfateándolo, y yo tratando de maniobrar mientras la moto se empezaba a apagar otra vez.

Anduve kilómetros así, buscando en cada esquina un lugar donde dejarlo, hasta que subí por un camino de tierra hacia un pueblito y los solté a los dos frente a unos campesinos con sus ovejas. Traté de explicarle a uno, con señas y con savaka, una de las pocas palabras que sé en ruso, que el perro no era mío. Me dijo que no, gracias. Lo raro fue que el quiltro le movía mucho más la cola a él que a mí, y cuando el hombre se subió a un auto destartalado y salió tirando polvo, el perro salió detrás a la carrera.

El punto de acampada era una coordenada de iOverlander y nada más. La copié en maps.me, que tenía la región de Daguestán descargada, porque el otro mapa daba vueltas y nunca aparecía la pelotita azul. Llegar fue difícil: el punto me llevó a un pueblo muy arriba en la montaña, subiendo curva tras curva sin nada de luz, en plena oscuridad, y después me sacó del camino a una huella off road que cruzaba riachuelos, hasta terminar en un plano muy chico.

El viento era lo único que me hacía imaginar el cañón abierto que había frente a mí. Encontré el único pedazo plano y armé la carpa. Me fumé un tabaco mirando las estrellas, feliz conmigo mismo de haberlo logrado. A la mañana siguiente me desperté con la que quizás fue la vista más impresionante de mis cuarenta acampadas de este viaje.

En la mañana vi lo que tenía al frente: el cañón del Sulak. Cincuenta y tres kilómetros de largo y 1.920 metros en su parte más profunda, más hondo que el Gran Cañón y el más profundo de Europa. Lo cavó el río Sulak, y el agua turquesa del fondo es el embalse de Chirkéi, retenido por una represa metida en la parte más angosta de la garganta.

En la mañana había una familia con la mesa puesta en el filo del cañón: sillas, mantel y un canasto de pan. Terminé sentado con ellos tomando té, y antes de irme alguien se quiso subir a la moto.

Estaba en Daguestán. Llevaba años escuchando hablar de este lugar y nunca pensé que lo iba a ver por dentro.

Supe que había algo enorme al frente solo por el sonido del viento que salía de ahí.
A cup of tea and a bag of pastries balanced on the motorcycle above the canyon
Té y una bolsa de sopaipillas que me pasaron ahí mismo, con el cañón detrás del parabrisas.
A woman in a headscarf sitting on the loaded motorcycle
Todos quieren subirse. Ella alcanzó su turno antes de que me fuera.
A family at a table on the grass above the canyon reservoir
La mesa de ellos puesta en el pasto, al filo del cañón, con el embalse allá abajo.
Rodrigo crouching by the tent on the canyon rim with Jacko lying in front and the loaded motorcycle beside them
El campamento de día, en el borde del cañón. Todo se armó a ciegas la noche anterior, guiándome por coordenadas, sin idea de lo que había ahí afuera.
The Sulak canyon dropping away in layers, with snow peaks on the horizon
De ahí salía el viento que escuché toda la noche. El cañón corre más de cincuenta kilómetros, con la nieve del Gran Cáucaso detrás.
Rodrigo at the family table under a canopy above the canyon, still in riding gear
En la mesa de ellos, todavía con el casco en la mano.
06Majachkalá

Daguestán, treinta pueblos y un festival al que entré de casualidad.

Daguestán es la punta sureste de Rusia, montaña casi entera, y la región más mezclada del país: conviven más de treinta etnias, muchas con su propio idioma, que los valles mantuvieron separadas el tiempo suficiente como para que siguieran siéndolo. Y es, kilo por kilo, la mejor tierra de luchadores del mundo. La lucha libre es el deporte nacional y de acá salen campeones olímpicos como de otros lados salen futbolistas: Abdulrashid Sadulaev, dos oros olímpicos, es de un pueblo de estas montañas, y Khabib Nurmagomedov e Islam Makhachev, los dos campeones mundiales en la jaula, aprendieron a luchar en Majachkalá.

Después de una hora de viaje llegué a la capital de Daguestán y por primera vez tuve vista al mar Caspio, ese mar interior sin salida al océano que tantas veces crucé soñando despierto cuando me imaginaba camino a Medio Oriente.

Daguestán es una de las regiones más diversas de Rusia: más de treinta etnias conviviendo, casi todo montaña. Traté de caminar la plaza principal pero apenas estacioné apareció un tipo de civil retándome, después me mostró su placa, y vi acercarse a más policías. Me hice el tonto y me fui haciendo la reversa con los pies. Después, cada auto de policía que pasaba con las luces prendidas yo pensaba que me buscaba a mí.

Dando vueltas para alejarme de la escena llegué a una calle cerrada con una gran multitud pasando un control. Me dio curiosidad, estacioné y pregunté. Era un evento cultural que se hace una vez al año, y ahí estaba yo. No podía tener más suerte.

DAGESTAN
Daguestán, dentro de Rusia. Outlines: OpenStreetMap contributors

Daguestán tiene más de treinta grupos étnicos, muchos con su propio idioma. Los valles de montaña los mantuvieron separados el tiempo suficiente como para que siguieran así.

Two women in patterned Dagestani dresses and a man in a black cherkeska with cartridge holders, walking down the street
En la calle, afuera: los vestidos con sus fajas, y la cherkeska negra con las cartucheras cruzadas en el pecho.
Singers in Cossack dress performing on a stage
En el escenario del festival, con el abrigo negro y las cartucheras cruzadas en el pecho.
A craftsman in a sheepskin cloak beside a wall of axes and knives
Un artesano en su propio puesto, con gorro de lana y capa de piel de oveja, junto a las hachas que bajó de la montaña.
A woman in traditional dress behind a table of daggers
Kindjals ordenados en fila, vendidos por la familia que los hizo.
A woman waving from her stand of woven carpets and cushions
Una tejedora en su puesto. Las alfombras daguestanas son una tradición distinta de las persas del sur.
A bearded man feeding a small child with a plastic spoon among the festival stands
En medio de todo, una guagua comiendo a cucharadas.
07Kizlyar

El pueblo que nadie debería haberme recomendado.

Alguien en Majachkalá me dijo que fuera para allá y le hice caso. Generalmente los locales dan buenos consejos, pero esta vez no. Llegué de noche y me puse a dar vueltas: no era nada que ver con lo que me imaginaba, un pueblucho sucio y lleno de polvo, con las calles resquebrajadas. Ni siquiera creía que hubiera alojamiento, y andaba muy justo con el efectivo.

Ya cuando me disponía a salir de ahí, una chica que caminaba en dirección contraria me sonrió. Para mí fue una señal. Di media vuelta y la saludé. No entendía casi nada de inglés, pero le hice el gesto de buscar dónde dormir, y se sonrió más todavía cuando vio a Jacko. Hizo un llamado, me respondió medio insegura que sí, y que la siguiera. Unos metros más allá abrió un gran portón de hierro y entramos.

Me trataron como rey. Comí como cerdo. Hospitalidad total. Llovió casi todo el día siguiente y recién como a las tres de la tarde pude escaparme, porque la familia prácticamente quería que me quedara a vivir con ellos. Eran gente pobre y sencilla y mi presencia se había vuelto algo extremadamente novedoso: todos competían por mi atención. Muy buena onda, pero yo tengo que seguir.

Y al fin pude ducharme. La primera ducha desde el hostal de Tiflis, cuatro o cinco días antes, porque desde ahí venía acampando todas las noches. Esa ducha me vino de oro. Toda la parada funcionó como un break dentro del viaje: comer bien, cargar las baterías, asearme, y después seguir la travesía.

Rodrigo with the family who took him in at their house in Kizlyar, at night
La casa en Kizlyar, la noche que me recibieron. Un portón de fierro pesado, y detrás esto.
A woman slicing smoked red fish on a wooden board at the table
Pescado rojo ahumado cortado en la mesa, y atrás el queso. La comida no paraba de llegar.
A family at their table in Kizlyar, with Jacko sitting up beside it
La mesa en Kizlyar. A Jacko le tomó como un minuto descubrir dónde estaba la comida.
The family standing at their gate in Kizlyar, all giving a thumbs up
La familia en su portón a la tarde siguiente. Me habrían tenido más tiempo.
08La carretera al norte

Derecho al norte saliendo de Kizlyar, con el Caspio a mano derecha.

Salí de Kizlyar a las tres de la tarde con garúa, con los guantes prestados de mi amigo Mario, por la carretera larga que sube hacia el norte bordeando el mar Caspio. Llovió casi todo el camino. Pasé por lo menos dos controles policiales y en los dos me saludaron con la mano sin pararme: una moto extranjera cargada así responde la pregunta antes de que la hagan.

La primera llenada me costó mil rublos. Aproveché de tomarme un chocolate caliente adentro mientras una rusa de gran tamaño me miraba con recelo. Al Jacko no lo quería dejar entrar, hasta que lo vio pararse en dos patas pidiéndome comida y se ablandó. Más al norte el cielo se despejó y crucé por primera vez a un hombre de rasgos claramente asiáticos, y ahí supe que Kazajistán ya estaba cerca.

Después de unos ochenta kilómetros de pura estepa salió el sol a ponerse, y fue el mejor atardecer de todo el cruce. Me metí a una bencinera a mirarlo con un café en la mano. La losa estaba empapada y se puso naranja entera.

El campamento era otro punto de iOverlander, a ciento veinte kilómetros más allá, cerca de una de las ramas del Volga antes de que se muera en el Caspio. Llegué a las ocho, con una hora de oscuridad encima, sin efectivo y con bencina para unos diez kilómetros más.

A white Lada Niva at the pumps at sunset, its driver standing by the door
El primer hombre de rasgos claramente asiáticos que vi, llenando el estanque de un Niva blanco. Ahí supe que Kazajistán ya estaba cerca.
Rodrigo in his helmet at a petrol station against the sunset, with the loaded motorcycle and Jacko behind him
El mejor atardecer de todo el cruce, desde la losa de la bencinera con un café en la mano y el Jacko dando vueltas atrás.
Close portrait of Rodrigo in helmet and balaclava, lit orange
Con el pasamontañas puesto y la visera arriba. El frío llegó con la oscuridad, y todavía faltaban ciento veinte kilómetros.
The loaded motorcycle parked at an empty petrol station on the steppe under a purple and orange sky
La última luz. Al borde de la losa empieza la estepa y no para más.
09El Volga

Las barcazas pasaban a quince metros con los motores casi apagados.

Armé la carpa debajo de un árbol viejo, al lado mismo del agua, otra vez a tientas. Las barcazas pasaron toda la noche a quince metros, planas, tapadas y con los motores casi apagados, llevando petróleo del Caspio hacia adentro de Rusia. Pasaban como fantasmas.

El Volga es el río más largo de Europa. Tres mil quinientos kilómetros desde los cerros al noroeste de Moscú hasta donde yo estaba acostado, y nunca sale de Rusia. Once de las veinte ciudades más grandes del país están a su orilla, y los rusos le dicen la madre Volga. Durante mil años fue el camino al sur: los jázaros, los búlgaros del Volga y los vikingos comerciaban por él hasta el Caspio y de ahí a Persia. Las barcazas que pasaban frente a mi carpa hacían la misma ruta, con petróleo en vez de pieles.

Esa noche se me acabó el efectivo. Literal. Me quedaron cinco rublos, unos cincuenta pesos chilenos. Un vuelto absurdo. Y cinco laris georgianos que ya no servían para nada, pero que al menos sumaban a la colección de billetes que había empezado ese año.

En la mañana vacié mis dos bidones de reserva en el estanque, algo más de cinco litros, justo lo suficiente para llegar a Astracán y cambiar mis últimos cincuenta euros.

Saliendo del lugar, cuatro pescadores con botas de agua me llamaron desde la orilla y no me dejaron irme rápido.

They went by like ghosts, fifteen metres away, and I lay there listening to them.
The tent and the motorcycle under a willow on the bank of the Volga at sunrise
El campamento de día: un árbol viejo y el agua a unos metros. Lo había armado a ciegas.
An old green metal shed among the trees beside the river
Lo que tuve al lado toda la noche y nunca vi: un galpón viejo de fierro entre los árboles, a unos metros de la carpa.
Pouring a red reserve fuel can into the motorcycle tank
Los dos bidones de reserva al estanque, algo más de cinco litros, justo lo que costaba llegar a Astracán.
Four Russian fishermen in waders on the bank of the Volga, arms round each other
Los pescadores en la orilla, que me llamaron cuando iba saliendo y no me dejaron irme rápido.
10Astracán

Astracán, la única ciudad verdaderamente rusa de todo el cruce.

Astracán la fundó Iván el Terrible en 1558, en el delta donde el Volga se abre en cientos de brazos después de tres mil quinientos kilómetros y se muere en el Caspio. Por ahí pasaron las caravanas persas, los comerciantes armenios y los mercaderes tártaros, y sigue siendo la capital del caviar en Rusia.

Mucho antes de Iván, esto era tierra mongola. Batu Kan, nieto de Gengis Kan, puso la capital de la Horda de Oro en Sarai, un poco más arriba en el delta. Cuando la Horda se deshizo en el siglo XV, el pedazo de la desembocadura se transformó en el Kanato de Astracán, que duró unos noventa años hasta que Iván se lo tomó en 1556.

Seis siglos de eso se notan en las caras. Astracán es una de las ciudades más mezcladas de Rusia: rusos, kazajos, tártaros, nogayos, kalmukos, azeríes, armenios y gente de todo el Cáucaso, en un lugar que ha sido frontera desde que alguien lleva la cuenta.

Fue también la única ciudad verdaderamente rusa que crucé en todo el viaje, porque las otras dos eran de Chechenia y Daguestán, algo lejos de ser rusas. Casas antiguas de madera, edificios soviéticos, mezquitas y mercados bulliciosos de pescado, y el río más largo de Europa terminando ahí mismo su recorrido.

Visité el Kremlin de Astracán, una fortaleza blanca del siglo XVI. En la entrada había un par de militares y a uno le pedí una foto porque tenía cada ojo de un color distinto; accedió amablemente. Adentro, estudiantes sentados en el pasto pintaban con acuarela en un día tibio de otoño.

Después me senté en la terraza de un café frente a las murallas. Era caro para los estándares rusos. Una mujer que estaba sentada al frente se levantó y se acercó a hablarme: había viajado por Suiza y le encantaba. Después me dijo que le llamaba la atención que no hubiera pedido nada de comer, me recomendó una ensalada y una sopa típica de la zona, y me dijo que me querían invitar porque yo era un forastero en su ciudad. Y con una sonrisa se fue hacia la caja. No cabía en mi impresión.

MoscowKazanSamaraVolgogradAstrakhan
El Volga: tres mil quinientos kilómetros desde los cerros de Valdai hasta el Caspio, sin salir nunca de Rusia.
Rodrigo in front of the Astrakhan cathedral and bell tower
Dentro de las murallas en mi última mañana en Rusia, con mis últimos cincuenta euros recién cambiados.
The statue of Lenin in front of the green and gold domes of the Astrakhan cathedral
Lenin de espaldas a la catedral, con las cúpulas verdes y las cruces doradas detrás. Los dos siguen ahí.
Close portrait of a Russian soldier in camouflage, one eye brown and the other blue
Un ojo café y el otro azul. Le pedí la foto y accedió amablemente.
A student sitting outside with a watercolour of the cathedral on her lap
Estudiantes en el pasto, dentro de las murallas, pintando la catedral con acuarela en un día tibio de otoño.
A green wooden house with carved window frames in Astrakhan, with the gold dome of a church behind it
Casas antiguas de madera con las ventanas talladas, y una cúpula dorada asomando por encima del techo de la calle siguiente. Media ciudad sigue siendo así.
The lid of a tin of Astrakhan caviar, with a sturgeon drawn on the blue label
El esturión en la tapa, y Astracán impreso abajo. La ciudad vende esto desde mucho antes de que alguien preguntara de dónde venía.
A young woman under a yellow awning on the cafe terrace
En la terraza frente a las murallas del kremlin. Me llamó particularmente la atención su cara: una mezcla perfecta entre rusa y mongola o kazaja, y lo más claro que vi en todo el día de lo que le hacen a un lugar siglos de ser frontera.
A flat white and a bowl of food on a cafe table, with the helmet beside them and the motorcycle outside the window
El almuerzo que pagó una desconocida, porque yo era el forastero en su ciudad.

El archivo del camino

44 imágenes más del camino

Todo lo demás de la carpeta, en el orden en que se tomó.

The Russian Caucasus, 202508
The Russian Caucasus, 202509
The Russian Caucasus, 202510
The Russian Caucasus, 202511
The Russian Caucasus, 202512
The Russian Caucasus, 202513
The Russian Caucasus, 202514
The Russian Caucasus, 202515
The Russian Caucasus, 202516
The Russian Caucasus, 202517
The Russian Caucasus, 202518
The Russian Caucasus, 202519
The Russian Caucasus, 202520
The Russian Caucasus, 202521
The Russian Caucasus, 202522
The Russian Caucasus, 202523
The Russian Caucasus, 202524
The Russian Caucasus, 202525
The Russian Caucasus, 202526
The Russian Caucasus, 202527
The Russian Caucasus, 202528
The Russian Caucasus, 202529
The Russian Caucasus, 202530
The Russian Caucasus, 202531
The Russian Caucasus, 202532
The Russian Caucasus, 202533
The Russian Caucasus, 202534
The Russian Caucasus, 202535
The Russian Caucasus, 202536
The Russian Caucasus, 202537
The Russian Caucasus, 202538
The Russian Caucasus, 202539
The Russian Caucasus, 202540
The Russian Caucasus, 202541
The Russian Caucasus, 202542
The Russian Caucasus, 202543
The Russian Caucasus, 202544
The Russian Caucasus, 202545
The Russian Caucasus, 202546
The Russian Caucasus, 202547
The Russian Caucasus, 202548
The Russian Caucasus, 202549
The Russian Caucasus, 202550
The Russian Caucasus, 202551

Sigue por el archivo

Más historias del camino

El norte largo
Field note 20

Escocia: las Highlands, la costa oeste y un castillo en un trigal

El norte largo
Field note 21

Islandia: la ruta circular en una semana, y un volcán todavía en erupción

La Ruta de la Seda
Field note 19

Turquía: tres fronteras en un día, dormir al lado de Santa Sofía, y el salar donde casi aplasto al perro

La Ruta de la Seda
Field note 18

Georgia: ocho mil años de vino, el Cáucaso, y el país que muchos ni saben ubicar

La ruta de la seda
Field note 17

La línea de Osetia del Sur: acampar a 2.240 metros bajo el Gran Cáucaso

Caminos favoritos
Field note 12

Grindelwald y Lauterbrunnen: los Alpes a paso de hombre

Caminos favoritos
Field note 13

Ruta 7: mil kilómetros de Patagonia chilena

Favourite Roads
Field note 14

Route 49: the California gold rush road

Caminos duros
Field note 15

La Guajira: llegar al punto más al norte de Sudamérica

Caminos favoritos
Field note 16

El cañón de Rugova: seiscientos metros de granito a cada lado

Caminos duros
Field note 11

La Transfagarasan: la carretera de montaña de Rumania, y los osos que viven en ella

Los caminos duros
Field note 06

Rumania 2024: un alternador quemado, un oso en el camino y la puerta de atrás del castillo de Drácula

Caminos duros
Field note 07

Ucrania: el país que nunca estuvo en el plan, recorrido en el tercer año de la guerra

El norte largo
Field note 08

San Petersburgo y Karelia: salir del palacio y meterse entre sesenta mil lagos

La Ruta de la Seda
Field note 06

Norte de Irak: Mosul en ruinas, una ciudadela más vieja que la historia, y un recibimiento que nadie espera

La Ruta de la Seda
Field note 05

Kazajistán salvaje: camellos, salares, un mar seco y el camino a las estrellas

Los comienzos
Field note 01

Kirkenes: cuatro meses de noche polar, trabajando por una moto que todavía no tenía

Los comienzos
Field note 02

El primer viaje: sin experiencia, una moto nueva y cuatro estados por delante

El norte largo
Field note 10

Cabo Norte: de la frontera finlandesa a Hamburgo, por el camino largo

Caminos duros
Field note 03

Ruta 40: los 72 kilómetros que marcaron tres motos

Registro de ruta
Field note 04

Patagonia 2026: lo que el extremo sur nos enseñó sobre la próxima expedición

El norte largo
Field note 22

Gales dos veces: un pueblo de pizarra en noviembre, y el camino al norte hasta el ferry a Irlanda

Historia siguiente

Kazajistán salvaje: camellos, salares, un mar seco y el camino a las estrellas

Leer la siguiente
¿Pensando en el próximo viaje?Escríbele a Rodrigo